El fútbol es un deporte capaz de paralizar las actividades cotidianas de las organizaciones públicas y privadas; de las escuelas, de las amas de casa, de los niños y los adultos mayores; no distingue clases sociales ni económicas, ni tiene diferencias de género raza o religión. Reúne a los modernos gladiadores de todo el mundo, promueve el turismo de deporte y logra las maravillas que ningún líder puede lograr por sí mismo; logra el sentimiento de hermandad de la raza  humana aunque por momentos nos veamos como rivales. Por ello es un fenómeno digno de estudiarse desde la psicología grupal.

Los seres humanos tenemos hambre de emociones de todo tipo, de saber quién es el mejor, de vivir intensamente, de ser reconocidos y otras muchas motivaciones más, que en una vida de trabajo rutinaria normalmente no podemos satisfacer. En la vida laboral aunque tengamos emociones muy fuertes está mal visto expresarlas; debemos mantener un comportamiento racional, así que vamos guardando esas emociones hasta que llegan a un punto de explotar si no encontramos un medio en el que la expresión emocional pueda ser mostrada en forma abierta y sin crítica social. Ese gran momento es el fútbol y en especial la Copa Mundial.

La Psicología grupal en el Mundial de Futbol

La Copa del Mundo tiene la capacidad de movilizar a las masas. En este ambiente futbolístico, hasta personas que no se conocen se identifican y forman grupos; primero por nacionalidades y después globales sobre todo entre las personas que tuvieron la oportunidad de viajar a la sede del mundial.

Cuando juega México, los mexicanos nos sentimos más mexicanos que el 16 de septiembre, nos sentimos orgullosos de nuestro país de nuestras tradiciones y de nuestra cultura y queremos mostrarla a todo el mundo, a veces hasta con excesos; cada gol que mete el equipo es nuestro, como si lo hubiéramos metido nosotros mismos, el grito unísono de goooooooooool! resuena en todos los rincones del país y del extranjero en donde haya mexicanos; pasamos del “yo” al “nosotros” sin necesidad de psicoterapia ni de coaching y logramos una gran integración aunque sea de corta duración. Cuando nos va mal no decimos “perdieron ellos”, sino “perdimos”.

El Futbol y las emociones

En esos días casi todo está permitido. Los hombres podemos llorar sin ser criticados, abrazarnos sin ser considerados “gays”; podemos estallar en ira y ejercer severas críticas o hacer elogios exagerados a los principales protagonistas; gozar o sufrir al unísono y hasta caer en estados de euforia colectiva  o de frustración general.

El fútbol es un deporte frecuentemente considerado como “de hombres”. Sin embargo, basta ver los estadios llenos de mujeres, de comentaristas deportivas y de chicas en general compartiendo sus pensamientos y opiniones de la misma manera que los hombres y experimentando las mismas emociones; para comprobar que ese deporte ya no es solo para hombres.

En un corto lapso se presentan la alegría y la tristeza, la ira, la pasión y el deseo de venganza. Ya no nos da pena hacer oración en público porque es por nuestro equipo: “Dios mío, por favor ayúdanos”. El fútbol nos da la cobertura bajo la cual se nos permite expresar muchas emociones que sin ser negativas, es difícil expresarlas en ambientes cotidianos; y no solo en forma individual sino colectiva. Y encontrar la excitación que generalmente no encontramos en la vida diaria. ¡Que Viva el fútbol!

Elaborado por: Dr. Jorge de la Cuesta

Docente de la Licenciatura en Psicología de la UMAD